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|•Ley de la adversidad, el mal que no es para nada un mal•|

Cuántos de ustedes se han hecho la siguiente pregunta, ¿sería lo que hoy soy sin las adversidades que he vivido durante mis años de vida?

Lo cierto es que rara vez nos detenemos a pensar en la importancia de las adversidades, la mayoría de las personas tratan, desesperadamente y sin conseguirlo, huir de ellas. Y es que a nadie le gustan los tragos amargos, pero en definitiva son esos los que pulen el carácter humano.

La historia está hecha de eso, de personas que, a través de la adversidad se han abierto paso, de hecho, algunas como el Dr. Hawking, una de las mentes más brillantes que han existido, expresó que su vida empezó a cobrar sentido cuando la adversidad tocó a su puerta, y vaya que no debe ser nada fácil enfrentarse a una enfermedad como la suya.

Como sabrán, y por si no, les cuento. El Dr. Hawking, durante algún tiempo pasó su vida bebiendo mucho y trabajando poco, en ese momento y antes de enfermarse dijo haber tenido muy poco interés en la vida, la llamó una “existencia sin sentido”. Fue entonces cuando se dió cuenta que tenía esclerosis amiotrófica lateral, con tal diagnóstico no debía esperar vivir más de dos años, ¡vaya noticia no!

Después del impacto emocional que esta noticia significó para él, admitió sentirse más feliz ahora que sabía de la enfermedad que antes de tenerla y, nos preguntamos ¿cómo puede esto ser posible? La respuesta la brindó el mismo al expresar: “cuando nuestras expectativas se reducen a cero, realmente apreciamos todo lo que tenemos”. Cuando esto sucede, es el momento en que aprendemos a apreciar los pequeños detalles, la salida o puesta del sol, el aire fresco entrando a nuestros pulmones, el cálido abrazo de un ser amado, poder despertar un nuevo día. Realmente son tantas las oportunidades para sentirnos dichosos sin necesidad de llegar a una condición en la cual nos resulte difícil poderlas disfrutar.

Este principio se aplica a toda la naturaleza, no es lo mismo un árbol que crece en el Amazonas a uno que crece en las llanuras que muchos acostumbramos a ver, o en las que algunos vivimos. El primero, dadas las circunstancias y la abundancia de agua, no precisa de profundizar sus raíces ya que a pocos metros de la superficie encuentra el vital líquido. El segundo por su parte, debe enfrentarse a la escasez de agua, razón por la que si quiere sobrevivir tendrá que enterrar sus raíces hasta encontrar la fuente de subsistencia, algunos alcanzan los nueve metros o más y así aprenden a existir.

Pero, ¿qué pasa cuando vienen los vientos? El primero, que dada su comodidad no enterró sus raíces, es fácilmente doblegado y echado por tierra, el segundo no, este no creció en la comodidad y la adversidad lo hizo fuerte, por lo tanto los vientos no pueden arrancarlo y permanece en pie. Esta analogía que es muy cierta también se aplica a nosotros, los seres humanos. En regiones de desigualdad como la nuestra, los individuos se tornan fuertes, capaces de resistir situaciones hostiles a las que están supuestos día con día.

Muchos han enfrentado adversidades desde niños, algunas vienen en formato de abandono paterno o materno, enfermedad, pobreza extrema, marginación, explotación, violencia, desempleo, etcétera. Esas situaciones, nada deseables, son parte de la cotidianidad de las personas, algunas sin darse cuenta las vivieron o están viviendo y es justamente eso lo que les ha tornado seres fuertes, resilientes y capaces.

Y ya que tengo la dicha de ser salvadoreño, creo que puedo ejemplificarlo de la siguiente manera, como saben aquí y en el mundo se aman las Pupusas, las acompañamos del famoso “curtido” sin el cual no serian lo mismo. Si se come con mayonesa, salsa negra, roja o de tomate únicamente no es el tema, ese lo dejaremos para los expertos. Pero volviendo al tema, déjenme decirles que ese curtido entre más días tiene de hecho, más rico es, a decir verdad, suele producirse una costra blanca en la superficie producida por la fermentación del vinagre. Un salvadoreño puede comerse un bote completo de ese curtido, y no tener el más mínimo problema con eso, de ningún tipo. No obstante, si un estadounidense o un europeo decidiera comer ese tipo de manjar, lo más seguro es que pase la noche en el baño y jamás vuelva a comer pupusas. ¿Por qué sucede esto? Porque nuestro organismo está habituado y el suyo no, es como sucede con los árboles que les conté hace poco, ya lo olvidaron verdad. Para concluir esta analogía, quiero recalcar, <aunque se molesten las adorables pupuseras por lo que diré>, sin importar cuantas bacterias o gérmenes tenga ese curtido, a un salvadoreño promedio no le hará ningún daño, porque su organismo se ha fortalecido y desarrollado inmunidad ante el curtido.

Pero bien, dejemos por un lado el curtido y entendamos una cosa, la vida está regida por la ley de la adversidad, algunos enfrentarán situaciones más difíciles que otros y está bien, algunas personas son más fuertes que otras. Lo que no está bien es comparar esas situaciones, a cada quien le toca vivir las suyas y afrontarlas, con carácter, es su responsabilidad. Otra cosa que no está bien es victimizarse, si bien es cierto muchas de las adversidades no serán el resultado de las decisiones que tomamos, pero nada nos hace más cobardes que el hecho de victimizarnos. Esta actitud paraliza a las personas y las sume en un pozo de arenas movedizas de las cuales no pueden escapar, no hasta que deciden hacer algo mejor que sentir lástima de sí mismos.

¿Qué habría pasado si el Dr. Hawking, después de recibir la noticia de su enfermedad hubiera empezado a victimizarse? Ninguna de sus notables obras habría sido escrita. O, ¿qué habría pasado si Alva Edison, inventor de la bombilla, se hubiera quejado que las cosas no le estaban saliendo? Seguramente no estaría mencionándolo aquí ni se habría hablado de él en tantos escritos donde figura. Su notable frase <no fueron mil intentos fallidos, fue un invento de mil pasos> habla sobre su determinación, terquedad y entrega, características importantes para sobreponerse a la adversidad.

Por último, quiero hablar de un chico, uno al que no conocen alrededor del mundo y quizá nunca se conozca, porque hasta el momento les he mencionado dos personajes emblemáticos mundialmente, pero este no es el caso y lo hago porque podríamos pensar, equivocadamente, que Hawking y Edison son otro tipo de personas cuando realmente eran sujetos normales, igual que quien escribe este blog o quienes lo leen, pero ellos tenían algo diferente, que también nosotros tenemos, solo nos falta descubrirlo y aprovecharlo. Este es el caso de Bernaldino, muchos de los que me leerán no tienen la más mínima idea de quién es él, por lo que si me permiten les contaré un poco, bueno, aunque no me permitan lo haré, el que escribe soy yo (ja,ja,ja…).

Este chico, Bernaldino, de una zona rural, con sueños, quizá no muy claros hasta que le pasó algo sumamente difícil, una mala praxis médica le llevó a perder una pierna, sí, desde la cadera le fue amputada. Antes de eso, pasó más de 6 años con su pierna podrida, me leyeron bien, podrida e inservible hasta que la “solución” fue amputarla. Muchos, se habrían regresado a su casa lamentando lo que les pasó, culpando, y con justa razón, a quienes le produjeron tal situación y después de algunos años, resignándose a vivir su condición de discapacitados. Pero ese no fue el caso de Bernaldino, este tenía ganas de comerse al mundo, y empezó a abrirse paso, sin tener las condiciones físicas, ni los recursos ni otro montón de condiciones, siguió estudiando, trabajando un rato aquí, otro allá de forma que podía sostener sus estudios, ayudar a su madre y a sus hermanos. Es importante recalcar que sus adversidades no empezaron con la tragedia de perder su pierna, esa fue una de las tantas, como muchos de quienes me leerán, creció en un hogar donde la violencia era el pan de cada día, sus padres sumidos en el alcoholismo eran cualquier cosa, menos lo que un niño necesita para crecer fuerte y sano. Este chico empezó a trabajar desde los siete años, como muchos de nosotros.

Haciendo todos los sacrificios posibles logró terminar su carrera, obteniendo su título como profesor de matemática, <la he hecho de albañil, fontanero, pintor, de todo, menos robar en esta vida> sostiene. Y durante todos estos años de su vida ha estado involucrado en causas de índole social, construyendo techos para familias necesitadas, llevando alimentos a los más desprotegidos, reforestando, impartiendo clases, resecando perros de la calle, practicando deportes como lanzamiento de jabalina, representando al país en la disciplina de natación y producto de lo anterior colgándose unas cuantas medallas. Pero no termina ahí su proceso, también se ha formado como intérprete de lengua de señas y recientemente inició su proyecto político. Cualquiera se habría quedado ahí lamentándose, pero esas son solo excusas vacías y baratas.

<Es más fácil equivocarnos sin hacer nada que haciendo> expresa. Y es así, la vida está hecha de esos momentos, siendo los buenos los ladrillos y los malos la mezcla que los mantiene unidos, mientras más difíciles son, más fuerte nos volverán.

Para terminar, quiero decir que, queramos o no, la vida siempre nos traerá adversidades y solo podemos hacer una de dos cosas, quejarnos de la vida que nos tocó o como en los tres casos expuestos, aprender y afrontarla con carácter, no podemos hacer más, una, y ya saben cuál, nos hará felices y la otra nos sumirá en una existencia miserable. La decisión no la puede tomar nadie más que usted y yo, después de todo, se nos hizo ganadores desde el momento en que fuimos concebidos, si no, otro estaría ocupando nuestro lugar aquí y ahora.

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El síndrome del salvador blanco

A lo largo de la historia encontramos situaciones de desigualdad, clasificación clasista de la sociedad, pocos que tienen mucho, muchos que tienen poco y la gran mayoría, ellos no tienen nada. Estas desigualdades tan marcadas son el fruto de la codicia, decisiones políticas mezquinas, el abuso y arbitrariedad de muchos.

Esa situación de inequidad da paso a la creación de organizaciones humanitarias, recaudación de fondos para apoyo a los que no tienen nada, celebridades que dan algo de lo que tienen para llevar comida o ropa a los menos favorecidos. Todo esto está bien, no hay nada malo en ayudar a otros y más cuando se trata de personas que jamás podrán devolvernos lo que por ellos se hace.

Inmerso en las acciones de socorro de aquellas personas que tanto necesitan, se acuña el término del “salvador blanco”, en alusión a que el blanco siempre es el bueno y el que salva a todos. Obviamente Hollywood ha tenido que ver en todo ello, en cada trama donde se rescata, se libera o se ayuda de una u otra forma a los demás, el blanco es siempre el bueno, es el salvador, el que siempre estará ahí para tender la mano al que no tiene ninguna oportunidad de salir por sí mismo.

Esto, como otras acciones, recibe sus críticas y es una práctica “común” entre los viajeros o voluntarios occidentales que visitan países africanos, quienes, en sus visitas se toman fotografías con niños negros con los cuales pasan un buen rato, jugando al fútbol, regalándoles sus gafas como hacen algunos/as modelos, compartiendo un chocolate o cualquier actividad que les hace interactuar. Estas acciones son percibidas como racistas, sin bien es cierto, y me atrevería a asegurar, no son hechas con el fin de perjudicar a nadie, sino todo lo contrario. Esta práctica, como señalan grupos que se manifiestan en contra de ella, deja ver a los retratados como personas indefensas en situaciones deplorables, incapaces de salir adelante por si mismas, y quien hace la foto suele verse como el “héroe” o salvador blanco. Este término está ligado a la edad colonial, el cual sostiene que los europeos tenían la misión de “civilizar” al continente africano.

Para Antumi Toasijé, historiador y director del Centro de Estudios Panafricanos, esto también se debe a la «exotización» y a una concepción de las personas negras como objeto. «Estas personas pasan a convertirse en algo impersonal, pero a la vez bello, que debe exhibirse como ‘cosa exótica’ y ‘necesitada de protección’. Todo esto refuerza la idea de ‘bondad innata’ del blanco», sostiene Toasijé en una conversación con eldiario.es. 

A su juicio, sacar la cámara o el móvil, hacer una foto a estas personas y difundirla suele ser una práctica «automática» que tiene mucho que ver con visiones heredadas del colonialismo. «Se hace con el fin de afirmar los sentimientos de ‘superioridad natural’ que toda persona denominada blanca tiene insertos en su psique porque le han sido inculcados desde la más tierna infancia a través de la educación, medios de comunicación, familia…», agrega.

«Es muchas veces inconsciente. Aunque para muchas personas un viaje a África es una oportunidad de ayudar, en realidad lo que hacen frecuentemente es reafirmarse en su paternalismo y su egolatría», opina el historiador.

El dilema con esta práctica es que vulnera la privacidad de los menores, situación que no sucede en Occidente, ya que una práctica similar puede costarle un par de años en la cárcel a quien lo haga. Al respecto reflexionó Desirée Bela-Lobedde, activista afrofeminista y colaboradora de la web Locas del Coño. «En Occidente los menores son intocables. Si te acercas con la intención de sacarles una foto… no, es que no les sacas ninguna foto directamente. O no sin pedir permiso», comparaba.

En Occidente se tiene un concepto distinto en relación a la toma de fotografía de niños, los cuales deben aparecer con su rostro cubierto o pixeleado de forma que no se reconozca quién es el sujeto en la imagen. En Oriente, dadas las condiciones parece que esa práctica es más permisiva. El trabajo de las ONGs que se basa en la asistencia a niños y niñas les lleva a retratarles, pero como organismos internacionales y apegados al cumplimiento de los derechos de la niñez, se cuidan las espaldas al obtener permisos para poder publicar sus tomas. Lo que suele ser contraproducente es cuando se invita a famosos o donantes para visitar dichas regiones, quienes con cámara o celular en mano están listos para retratarse junto a los niños a quienes llevan esperanza.

Ante una situación similar, se debe instar y brindar consejos claros a los visitantes, para evitar convertirse en un “salvador blanco” y, que se actúe de la forma en que lo expresaría Jesús hace tantos años, <<que lo que hace tu mano derecha no lo sepa tu mano izquierda>>.

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¿Dónde está Dios en tiempos del coronavirus?

Todos, alrededor del mundo, que dicho sea de paso no es tan justo para algunos, no pensábamos en lo que el 2020 traería, si bien es cierto, ya el año anterior nos dejaba entrever lo que se avecinaba, no obstante, salía a relucir ese rasgo tan propio del ser humano, ese que le tiene sin cuidado mientras las tragedias ocurren a miles de kilómetros de él y, de esa forma, íbamos por ahí pensando que era un problema de “los chinos”, que no tenía nada que ver con nosotros y seguimos con nuestra vida como si nada, como si fuéramos inalcanzables y como si el dolor de otro no debería ser el nuestro también.

Y ahora estamos aquí, sin que exista un lugar en el planeta adonde el virus no haya llegado, haciendo que muchos volviéramos a nuestras casas, los que tenemos la bendición, o como otros prefieren decir, la fortuna de tener una, ese lugar al cual solíamos llegar solo para descansar pues nos pasábamos los días en el trabajo, alejados de la familia, que dicho sea de paso, es lo más importante que se puede tener y, en medio de situaciones como esas algunos tenemos la oportunidad de seguir laborando, desde casa, oportunidad que la gran mayoría no ha tenido.

Las medidas de los gobiernos, unas acertadas y otras no tanto, dan cabida a diversas situaciones, unos a criticar y señalar los atropellos y otros, más a favor tomando en cuenta su situación particular. Cada uno desde su realidad. Pero no podemos dejar de preguntarnos, ¿y dónde está Dios en medio de todo esto? Y no faltará el incauto que reproduzca como fuego que la situación actual es una que alegra el corazón de Dios porque somos una sociedad mala, idea que no es nada herrada, en relación a que somos una sociedad mala, ambiciosa, hostil y difícil de amar seguro estoy. Pero pensar de ese modo es irresponsable ya que reduce a Dios a nuestra condición, a lo que somos los humanos, y nada más alejado de la situación. Pero, y entonces ¿dónde está Dios en medio de esto? Y la respuesta es tan simple, tanto que la hace difícil de entender y creer para muchos, pero es así, Dios está justo en medio de todo esta situación, porque si historia está marcada por el sufrimiento humano, a lo largo de su existencia.

Dios está ahí, en medio de las manos que se tienden para sostener al caído, en el corazón bondadoso que lleva un poco de pan al menos favorecido. Dios está en las manos de los médicos, enfermeras, policías, soldados, barrenderos, repartidores, cocineros y todos aquellos que cuidan a quienes sufren, hoy por hoy, los estragos del coronavirus. Dios está también en el acto de los maestros que van puerta tras puerta para llevar las guías de trabajo a sus estudiantes, y Dios está en todo acto de bondad humana que sea expresado porque, ¿quién, si no solo Dios, puede producir actos de bondad en el ser humano?

Einstein lo dijo, el mal es la ausencia de Dios en el corazón del ser humano. Ante tal aseveración debemos entender que todo acto de bondad humana es el resultado del reflejo de Dios en el hombre, un Dios que no impone su autoridad, sino, quien a través del servicio y la entrega revela su amor a un mundo agitado y agobiado por los pesares que a diario le atañen. Mantener esperanza en vez de miedo, confianza en vez de zozobra nos ayudará a entender que Dios siempre ha estado y estará aquí, sufriendo junto a nosotros, es menester de cada persona lo que le permita hacer en y con su vida.