A lo largo de la historia encontramos situaciones de desigualdad, clasificación clasista de la sociedad, pocos que tienen mucho, muchos que tienen poco y la gran mayoría, ellos no tienen nada. Estas desigualdades tan marcadas son el fruto de la codicia, decisiones políticas mezquinas, el abuso y arbitrariedad de muchos.
Esa situación de inequidad da paso a la creación de organizaciones humanitarias, recaudación de fondos para apoyo a los que no tienen nada, celebridades que dan algo de lo que tienen para llevar comida o ropa a los menos favorecidos. Todo esto está bien, no hay nada malo en ayudar a otros y más cuando se trata de personas que jamás podrán devolvernos lo que por ellos se hace.
Inmerso en las acciones de socorro de aquellas personas que tanto necesitan, se acuña el término del “salvador blanco”, en alusión a que el blanco siempre es el bueno y el que salva a todos. Obviamente Hollywood ha tenido que ver en todo ello, en cada trama donde se rescata, se libera o se ayuda de una u otra forma a los demás, el blanco es siempre el bueno, es el salvador, el que siempre estará ahí para tender la mano al que no tiene ninguna oportunidad de salir por sí mismo.
Esto, como otras acciones, recibe sus críticas y es una práctica “común” entre los viajeros o voluntarios occidentales que visitan países africanos, quienes, en sus visitas se toman fotografías con niños negros con los cuales pasan un buen rato, jugando al fútbol, regalándoles sus gafas como hacen algunos/as modelos, compartiendo un chocolate o cualquier actividad que les hace interactuar. Estas acciones son percibidas como racistas, sin bien es cierto, y me atrevería a asegurar, no son hechas con el fin de perjudicar a nadie, sino todo lo contrario. Esta práctica, como señalan grupos que se manifiestan en contra de ella, deja ver a los retratados como personas indefensas en situaciones deplorables, incapaces de salir adelante por si mismas, y quien hace la foto suele verse como el “héroe” o salvador blanco. Este término está ligado a la edad colonial, el cual sostiene que los europeos tenían la misión de “civilizar” al continente africano.
Para Antumi Toasijé, historiador y director del Centro de Estudios Panafricanos, esto también se debe a la «exotización» y a una concepción de las personas negras como objeto. «Estas personas pasan a convertirse en algo impersonal, pero a la vez bello, que debe exhibirse como ‘cosa exótica’ y ‘necesitada de protección’. Todo esto refuerza la idea de ‘bondad innata’ del blanco», sostiene Toasijé en una conversación con eldiario.es.
A su juicio, sacar la cámara o el móvil, hacer una foto a estas personas y difundirla suele ser una práctica «automática» que tiene mucho que ver con visiones heredadas del colonialismo. «Se hace con el fin de afirmar los sentimientos de ‘superioridad natural’ que toda persona denominada blanca tiene insertos en su psique porque le han sido inculcados desde la más tierna infancia a través de la educación, medios de comunicación, familia…», agrega.
«Es muchas veces inconsciente. Aunque para muchas personas un viaje a África es una oportunidad de ayudar, en realidad lo que hacen frecuentemente es reafirmarse en su paternalismo y su egolatría», opina el historiador.
El dilema con esta práctica es que vulnera la privacidad de los menores, situación que no sucede en Occidente, ya que una práctica similar puede costarle un par de años en la cárcel a quien lo haga. Al respecto reflexionó Desirée Bela-Lobedde, activista afrofeminista y colaboradora de la web Locas del Coño. «En Occidente los menores son intocables. Si te acercas con la intención de sacarles una foto… no, es que no les sacas ninguna foto directamente. O no sin pedir permiso», comparaba.
En Occidente se tiene un concepto distinto en relación a la toma de fotografía de niños, los cuales deben aparecer con su rostro cubierto o pixeleado de forma que no se reconozca quién es el sujeto en la imagen. En Oriente, dadas las condiciones parece que esa práctica es más permisiva. El trabajo de las ONGs que se basa en la asistencia a niños y niñas les lleva a retratarles, pero como organismos internacionales y apegados al cumplimiento de los derechos de la niñez, se cuidan las espaldas al obtener permisos para poder publicar sus tomas. Lo que suele ser contraproducente es cuando se invita a famosos o donantes para visitar dichas regiones, quienes con cámara o celular en mano están listos para retratarse junto a los niños a quienes llevan esperanza.
Ante una situación similar, se debe instar y brindar consejos claros a los visitantes, para evitar convertirse en un “salvador blanco” y, que se actúe de la forma en que lo expresaría Jesús hace tantos años, <<que lo que hace tu mano derecha no lo sepa tu mano izquierda>>.